La relación entre las Premisas y las conclusiones

La relación entre las Premisas y las conclusiones La argumentación es un proceso en el que se busca persuadir a alguien de aceptar una idea, una posición o una conclusión. Para ello, el argumentador necesita presentar razones o pruebas que apoyen su posición y mostrar cómo estas se relacionan con la conclusión que desea que su interlocutor acepte. Es por ello que, en la argumentación, la relación entre las premisas y las conclusiones es de vital importancia.

¿Qué son las premisas y las conclusiones?

En la argumentación, las premisas son afirmaciones que se presentan como verdaderas y que se utilizan para dar soporte a una conclusión. Por su parte, la conclusión es la afirmación que se desea que se acepte como verdadera y que se deriva a partir de las premisas presentadas. Por ejemplo, si alguien afirma que "todos los seres humanos son mortales" y que "Sócrates es un ser humano", podemos derivar la conclusión de que "Sócrates es mortal". En este caso, las dos primeras afirmaciones son las premisas, y la última es la conclusión.

Tipos de relaciones entre las premisas y las conclusiones

La relación entre las premisas y las conclusiones puede ser de diferentes tipos. A continuación, se presentan algunos de los más importantes:

Relación deductiva

La relación deductiva es aquella en la que, a partir de las premisas, se deriva necesariamente una conclusión. Es decir, si las premisas son verdaderas, la conclusión también lo será. Esta relación es característica de los argumentos formales, como los de la lógica o las matemáticas. Por ejemplo, si afirmamos que "todos los hombres son mortales" y que "Sócrates es un hombre", podemos derivar necesariamente que "Sócrates es mortal". En este caso, la relación entre las premisas y la conclusión es deductiva.

Relación inductiva

La relación inductiva es aquella en la que se parte de casos particulares para llegar a una conclusión general. En este caso, la conclusión no se deriva necesariamente de las premisas, sino que se infiere a partir de ellas. Por tanto, las premisas no garantizan la verdad de la conclusión, sino que la hacen probable. Por ejemplo, si observamos que todos los cisnes que hemos visto son blancos, podemos inferir de ello que "todos los cisnes son blancos". En este caso, la relación entre las premisas y la conclusión es inductiva.

Relación analógica

La relación analógica es aquella en la que se establece una similitud o analogía entre dos cosas para inferir una conclusión. En este caso, la conclusión no se deriva necesariamente de las premisas, sino que se infiere a partir de la semejanza entre ambas. Por ejemplo, si alguien afirma que "así como la Tierra gira alrededor del Sol, también el resto de los planetas del sistema solar giran alrededor del Sol", se establece una similitud entre la relación de la Tierra y el Sol y la relación del resto de los planetas y el Sol. A partir de esa similitud, se infiere la conclusión de que "el resto de los planetas del sistema solar giran alrededor del Sol".

La importancia de la relación entre las premisas y las conclusiones

Como se puede ver, la relación entre las premisas y las conclusiones es de vital importancia en la argumentación. Esto se debe a que una argumentación sólida es aquella en la que las premisas están bien fundamentadas y se relacionan adecuadamente con la conclusión. En términos generales, se puede decir que una argumentación es válida si la conclusión se sigue necesariamente a partir de las premisas y estas son verdaderas. Por tanto, la relación entre las premisas y las conclusiones es fundamental para evaluar la calidad de una argumentación.

Errores comunes en la relación entre las premisas y las conclusiones

Sin embargo, en la práctica, es común encontrar argumentaciones en las que las premisas y las conclusiones no están relacionadas adecuadamente. Algunos de los errores más comunes son los siguientes:

Irrelevancia

La irrelevancia se produce cuando las premisas no tienen una relación clara con la conclusión o cuando se presentan premisas innecesarias para apoyar la conclusión. En este caso, la argumentación puede ser válida, pero no resulta persuasiva porque las premisas no aportan nada a la conclusión. Por ejemplo, si se afirma que "los pájaros vuelan porque tienen alas", se está presentando una premisa que es cierta, pero que no es necesaria para llegar a la conclusión. En este caso, la relación entre las premisas y la conclusión es irrelevante.

Falacia de atinencia

La falacia de atinencia se produce cuando se presentan premisas que no tienen relación alguna con la conclusión, pero que se utilizan para persuadir al interlocutor de aceptar la misma. En este caso, no hay una relación lógica entre las premisas y la conclusión, sino que se apela a la emoción o a la experiencia personal del interlocutor. Por ejemplo, si se desea persuadir a alguien de dejar de fumar y se afirma que "fumar es malo porque mi abuelo murió de cáncer de pulmón", se está utilizando una estrategia que no tiene relación lógica con la conclusión, pero que se basa en la experiencia personal del argumentador.

Falacia de petición de principio

La falacia de petición de principio se produce cuando se utiliza la misma idea que se desea demostrar como premisa. En este caso, la relación entre las premisas y la conclusión es circular, ya que se está utilizando la conclusión como premisa para llegar a la misma conclusión. Por ejemplo, si se afirma que "Dios existe porque lo dice la Biblia" se está utilizando la idea de que Dios existe para demostrar que Dios existe, lo cual es un razonamiento circular.

Conclusiones

La relación entre las premisas y las conclusiones es fundamental en la argumentación, ya que de ella depende en gran medida la calidad de los argumentos. Es importante recordar que una argumentación sólida es aquella en la que las premisas están bien fundamentadas y se relacionan adecuadamente con la conclusión. Por tanto, es necesario evaluar cuidadosamente la relación entre las premisas y las conclusiones en cualquier argumentación, para evitar caer en errores comunes como la irrelevancia, la falacia de atinencia o la falacia de petición de principio. De esta forma, se podrá realizar una argumentación más sólida y persuasiva.